martes, 18 de marzo de 2014

Pensando en Anne Sexton...







Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no consigo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.

Wanting to die ( Anne Sexton)

Fumas un cigarrillo como si fuera el último.
Sonríes sabiendo que la autodestrucción es sólo un hito
que traspasamos varias veces al día.
Te cuido por las noches, mientras duermo.
Al amanecer inicias el ritual, acaricias mi cerebro.
Enciende un cigarrillo y lo compartiremos.
Dejemos de mirar la foto del cadáver que intenta amedrentarnos,
es inútil, el cadáver no ha visto como tus dedos oscilan mientras fumas,
yo sí, y los deseo.
Tus falanges, tus manos, tu cadera vencida por el sueño, 
la curva de tu cuello…
Cintura escapular donde alojo mis besos.

jueves, 6 de febrero de 2014

Cápsulas


cápsula.
(Del lat. capsŭla, dim. de capsa, caja).

1. f. Casquillo metálico con que se cierran herméticamente las botellas después de llenas y taponadas con corcho.
2. f. Envoltura insípida y soluble de ciertos medicamentos desagradables al paladar.
3. f. Conjunto de la cápsula y el medicamento en ella incluido.
4. f. Pieza cilíndrica de metal que se ajusta a la chimenea de las armas y sirve para comunicar el fuego.
5. f. Parte de la nave espacial donde se instalan los tripulantes, si los hay.
6. f. Bot. Fruto seco, con una o más cavidades que contienen varias semillas y cuya dehiscencia se efectúa según el plano que no es perpendicular al eje del fruto; p. ej., el de la amapola.
7. f. Quím. Vasija de bordes muy bajos que se emplea principalmente para evaporar líquidos.


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Se infieren otros muchos significados. Por extensión, cápsula es todo aquello que preserva una parte aislada para no contaminarse, derramarse, contagiarse, perderse, mezclarse con los elementos que la rodean. Aquello que protege o encierra, resguarda o separa.
Entiendo que vivimos así, pese a que salgamos de nuestra zona de confort de vez en cuando, esto no impide que nos traslademos en cápsulas, y en ocasiones, al salir de ellas, no reconocemos el espacio en que estamos. La rutina es una enorme cápsula.
Escogeré uno de los aspectos del significado: envoltorio de ciertos medicamentos que evita el sabor desagradable de éstos.
La cápsula siempre tiene la misma forma,  sin embargo, tal vez no nos fijamos en un efecto que sí cambia, la presión de nuestros dedos nunca es la misma, y el blister de platina se rompe de forma desigual dejando restos plateados por cualquier parte. ¿Imaginan abrir la platina con un cúter para no estropear lo de fuera?.
Resulta inconcebible, porque lo racional es que guardemos celosamente el interior y desechemos lo externo. Este símil, llevado al extremo, nos puede conducir a otras cuestiones aparentemente colaterales, pero que merecen cierta consideración. Guardamos nuestra casa, nuestra ropa, expulsamos fuera la basura, tiramos al contenedor – la cápsula guardabasuras- lo que no nos sirve. De igual manera, sacamos de nuestra vida lo que carece de interés, aunque los medios de deducción por los que llegamos a esta conclusión son a veces erróneos. Muchas de estas veces, la deducción la provoca el miedo. El miedo a contaminarnos de otros pensamientos, otros gustos, otras opciones o a sensibilizarnos con los problemas de los demás, que están fuera de nuestra cápsula, pero en otra. Por ese motivo evitamos películas dramáticas, violentas o de contenido agrio. Pasamos de canal cuando hay noticias dolorosas o hirientes, dejamos de llamar a un amigo cuando tiene problemas o deja de ser todo lo divertido que era antes … Ya, es cuestionable, pero se puede constatar que nos mantenemos a salvo física y anímicamente.
También nos encerramos en cápsulas emocionales, de dolor insoportable, cápsulas de tiempo perdido o letargo. Cápsulas de conciencia, anestésicas o de emotividad retardada. Cápsula es la huída que evita aceptar, comprender o luchar por el cambio. La representación de todo aquello que, concebido de modo excluyente, obvia cualquier opción externa. Así, sólo dejamos entrar, y muy de vez en cuando, algunas variantes capsulares que aportan novedades y satisfacciones, siempre que no se desvelen como elementos que alteren nuestra propia cápsula.
El universo entero se halla encapsulado como un enorme blister de medicamentos cuyo interior contiene en esencia más o menos lo mismo sólo que a todo el mundo no le sienta igual. En estos términos se expresan los efectos secundarios o las interacciones, nada produce el mismo impacto en cualquier organismo. Algunas cápsulas albergan algo valioso y/o extremadamente nocivo.
Gestionar esto permite que se filtren y compartan ideas y se abra una brecha indispensable para avanzar: la duda. Para muchos, la base del éxito parece hallarse en determinadas cápsulas agrupadas en torno a decisiones férreas y vocaciones inmutables a lo largo de la vida. No lamento disentir. El relativismo es básico, nada es igual o todo puede serlo. Los intereses compartidos conllevan intereses repartidos.
Me gusta saber  qué hay en otras cápsulas, cómo hacer para sacarlas  del blister, abrirlas o no, y desde luego, ver las virutas plateadas que esparcen a su alrededor provocando formas graciosas e inconscientes. Hay un dibujo imperfecto, siempre sorpresivo, que define la diferencia entre el interior impermeable  y la contaminación externa, aleatoria, caótica. Un caos más real que la cápsula en que elegimos vivir.

martes, 4 de febrero de 2014

A la recherche...


Me llamó un amigo. Va a casarse. Bien.
Es un grado superior en la relación, o la licenciatura, quizá. No sé.
Sin haber confiado nunca en el programa convencional de las relaciones, reconozco que siento cierta envidia. Y se lo he dicho. Lejos de amparar mis dudas en el panorama común de las disquisiciones entre boda civil, eclesiástica, pareja de hecho y todas las variantes surgidas y por surgir, me refiero simplemente al hecho de aceptar, asumir, confiar en haber encontrado a la persona adecuada con la que crear algo conjunto. Cuando hablo de conjunto dejo de lado el binarismo complementario que parece connatural a emparejarse. Conjunto es amplio y no se agota en el aspecto matemático de la palabra, sino que desgrana todas las connotaciones de cuantas  cuestiones engloben las carencias, requerimientos o necesidades de cada cual, que, sabemos, no obtienen resolución en una sola persona. Sin embargo, el aspecto compromisorio del matrimonio conlleva aceptar como premisa que una persona encarna la mayoría de ideales recreados en el concepto de pareja. Insisto, siento envidia. Jamás lo he conseguido.  
Amparada en el maravilloso título de la película  … “No sos vos, soy yo” (Juan Taratuto, 2004) he dejado pasar oportunidades,  las he desechado o han desestimado mi oferta . El asunto es que por un raro azar de no coincidencias ando al ratón y al gato toda la vida . Desvaríos de una fortuna que no me dotó del extraño don de la elección o la vocación de compartir pan y cebolla. La ocasión pasó para creer en películas o cuentos de hadas buenas que transitaron la infancia sin discriminar el daño que hacían. A la hora de la verdad, la mayoría de nosotros cubrimos expediente entre el deseo y lo que creemos desear para llegar a la conclusión de que el amor verdadero no existe o en cualquier caso, no se halla donde lo andamos buscando. Porque eso sí, ¿hemos renunciado?? No definitivamente. La única definición posible del desvarío es que existen multitud de amores verdaderos y no acaban en una historia o en el lugar en que vimos a alguien por última vez. La auténtica revelación está en saber lo que somos y lo que necesitamos para vivir. Para unos, vivir es  el aprovechamiento del tiempo y las oportunidades, el cumplimiento de los deseos y la consecución de objetivos satisfactorios e inmediatos. Para otros, y no es que haya sólo dos apartados en este asunto, es la búsqueda. La búsqueda indefinida, que no indeterminada. Se sabe lo que se busca, mas no se acierta en el lugar o el tiempo, las coordenadas no son claras o carecemos de instrucciones. También puede ocurrir que, como mencioné al hilo de una entrevista al psicólogo Barry Schwartz, nos hallemos entre el grupo de los maximizadores, es decir, personas que esperan lo mejor sin saber exactamente si existe, ni siquiera en qué se diferencia eso mejor de lo que se tiene al lado. Lo cierto es que si los sentimientos se parecen a un laberinto, claro está que ahí no es, se debe encontrar la salida cuanto antes y continuar por otro lado . ¿Pardillos?? Puede ser. Estoy convencida de que algo de pardilla debo tener o quizá soy más positivista de lo yo misma creo, si no me demuestran fehacientemente algo, no tengo por qué aceptarlo. Todo es falsable, en eso estamos, pero que se me demuestre, por favor. Se podría pensar que estoy divagando, y sí, porque me gusta, porque conversar con este ente anónimo que es la red me provoca cierto alejamiento de la realidad palpable o impalpable, que de todo hay. La cuestión, en resumen, es que me alegro por mi amigo al mismo tiempo que reflexiono sobre la capacidad del ser humano para amar y ser amado…  las renuncias… o la suerte. ¿Quién sabe?. 

miércoles, 1 de enero de 2014

El primer baile



 

" Dale a tu corazón una señal de que los vientos se cambian".  R. M. Rilke


No lo pensé demasiado, de haberlo hecho me habría perdido una tarde genial.
Anunciaban clases de swing en una asociación . Asistí sola, de modo que todo era absoluta y encantadoramente nuevo, como descorchar una botella. Había olvidado la sensación de divertirme sin más, sin expectativas, hacer algo por puro placer, y resultó reconfortante… no era mi primer baile.
Con el tiempo me he acostumbrado a que las cosas con  que disfruto sirvan a un propósito futuro, algo más pragmático. Dibujar para vender una ilustración, trabajar para vivir, escribir para lograr una buena nota en mi expediente... todo se rige por la vocación de ganar el dinero suficiente u obtener algún tipo de beneficio formativo y útil. Nunca fue así mi vida, pero imagino que las vivencias ceden parte del espacio de los sueños a la realidad, es la imposición de madurar, un precio como otro cualquiera.
En el primer día de 2014 rememoro mi antigua vida, la que dibujaba trazos imperfectos y sesgados por una fantasía sin límites, y la echo de menos, a veces. Sin embargo  debo admitir que el pasado ha configurado una manera nueva de ver las cosas. No hay una ausencia total de ficciones, sino un discernimiento necesario, la segregación de dos vidas paralelas ancladas una en la otra sin disolución y con premisas diferentes. Por un lado, atender y ocuparme de aspectos que hasta ahora sólo me preocupaban en abstracto, y por otro, un filtro poderoso y versátil que me permite disfrutar del tiempo involucrada en  tareas agradables. Es posible que haya descubierto mi vocación, ser dos y no saberlo, transgredir mi propia naturaleza para sentir como necesarios el pragmatismo y la ensoñación en distritos colindantes e impermeables. Algo que manejo al margen de las circunstancias cuyo aprendizaje ha sido realmente duro, no exento de contratiempos y doloroso en el sentido amplio del término. ¿Cómo se traduce eso en la realidad? Bien, es novedoso encontrar en mi programa ideas diferentes sobre las relaciones en general y la renovación del espacio que éstas ocupaban en mi vida. Al tomar conciencia del papel que desempeño en la vida de otros también lo hago del que ellos desempeñan en la mía. No siempre es fácil, pues  como al analizar una obra de arte, jamás se llega a saber todo. Nos hallamos condicionados por el equipaje, el de mano y el facturado, incluso el perdido en otros aeropuertos y que nunca reclamamos. Esto no impide que, junto a esta conciencia, nazca la responsabilidad sobre los actos, el cuidado, el amor , el respeto, el deseo de continuidad, y también  el verdadero rostro, la imagen especular que me devuelven los otros, algo que quizá no estuve en condiciones de aceptar en todo momento, pero que forma parte esencial del todo que soy. 
Ignoro si el ser humano es capaz de cambiar, lo que sé es que puede aprender, y tras el aprendizaje, el canal se disgrega en dos corrientes alternas de vivencias casi simultáneas pero no contaminadas, sin culpabilidad. Como resultado, erradico mi mayor dificultad para disfrutar sin anticiparme a lo inevitable, el fatum queda en segundo plano. Cada tiempo dedicado pertenece a ese momento o a esa tarea.
Sí, ya sé que para muchas personas esto es habitual, pero he empleado todos mis años en aprenderlo . Es curioso valorar los antecedentes, en la vida como en las novelas la realidad no surge casi nunca de la casualidad. Aunque los protagonistas no lo sepan, el artífice del devenir no es ajeno a estos manejos. En ese aspecto encuentro interesante un análisis, aunque superficial no desdeñable, del pasado. Las referencias pueden ser numerosas pero con algo de perspicacia se encontrarán puntos comunes de resolución de conflictos, toma de decisiones, etc. . La pregunta cómo he llegado hasta aquí contiene la respuesta en sí misma, o mejor, la multiplicidad de respuestas, todas reveladoras si se quiere ver.  No desestimo ninguna vertiente que me ayude a comprender de qué modo una persona acomete tareas de supervivencia emocional y pone a salvo esa parcela imprescindible de forma coherente. Es la única manera de continuar en liza  sin afrontar cada día con la ingenuidad de un principiante en el primer baile.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Lo justo y lo legal


Hoy me trae la “Querella argentina por los crímenes del franquismo” y una videoconferencia a la que acabo de asistir con víctimas y juristas de ambos lados del Atlántico.
Salvando los casi protocolarios asuntos técnicos, ha sido emocionante.
Pensamos que por el hecho de que la actualidad no deje de depararnos malas noticias y atentados contra los derechos humanos, hemos de olvidar lo que aún no se ha resuelto.
Si la injusticia no prescribe, la necesidad de hacer justicia tampoco. Es la síntesis de todo lo que se ha dicho en las 2 horas 30 minutos que ha durado. Y no se hizo largo, menos que cualquier película en la que, aunque sea por mero aburrimiento, nuestro límite de tolerancia queda superado. No, en este caso, los testimonios resultaron tan contundentes que suponía un gran esfuerzo abstraerse.

Convivimos intensamente con una rutina plagada de rupturas sociales, injusticias que se sostienen en la legalidad sin por ello resultar menos dolosas, pactos entre poderes que se apoyan y se otorgan el don de la impunidad. No es algo nuevo, y el paso del tiempo no debe ser inconveniente para llegar a una resolución satisfactoria.

Los comentarios comunes son: hay que dejar de remover el pasado para avanzar; que los muertos descansen en paz o que en todas las guerras se cometen atropellos…lo que no se dice es que aquí,  terminada la guerra, se firmaron sentencias de muerte durante 40 años más; que la libertad de expresión no se conocía y que, como comentábamos al final del acto, los jerifaltes no cambiaron en la transición, sólo la etiqueta del gobierno en virtud de algunos usos eufemísticos del lenguaje, pero el aparato siguió su marcha. ¿O es que los asesores, la iglesia todopoderosa y cómplice, los jefes de gabinetes, alto funcionariado y demás, se fueron al paro? 
Resulta irrisorio el “eslogan” del artículo 16.3 de la Constitución española ( no merece otro apelativo) a saber: ninguna religión tendrá carácter estatal… disculpen que no me levante (Groucho, cuánto te hubiera dado de sí todo esto) pero estoy escribiendo. ¿En qué universo conocido o por conocer vivimos en un Estado aconfesional??? Clama al cielo, si no fuera porque no existe salvo como elemento atmosférico, no es un interlocutor válido.

La manoseada transición sirvió de excusa para justificar que, aunque las cosas se estaban haciendo mal, como hasta entonces, al menos no se hacían de modo violento. Vale, de nuevo hay que reírse o llorar, rara elección. Se ensalzan voluntades y por poco les hacemos un altar  a estos transitorios señores ( no recuerdo una sola mujer) por hacer el duro trabajo que les tocó, entiéndase la ironía, de llevar al país por el camino anterior, sin novedades. Parece que lo veo. Franco en el lecho y Juan Carlos a la cabecera, velando al dictador: Juan Carlos, hijo mío, esto es lo que debes hacer, blablabla… 

Es sangrante el asunto de las desapariciones , de los-as niños-as robados-as, de los miles de personas que yacen en cualquier cuneta sin el respeto de la sociedad, porque está dejando patente que todos los muertos no son iguales: unos gozan de monumentos conmemorativos y continuos homenajes, que para eso los fascistas se las pintan solos, y los otros, los parias de la sociedad, los que defendían un gobierno legítimo y democrático, desaparecieron en la sombra para nunca jamás. 
Eso es doloroso, pero casi me molesta más la actitud buenista de tantos sectores sociales con el tema de la memoria histórica para quienes todo son chorradas y fanatismos. A ver, ¿estos niños y niñas de la sociedad del bienestar no saben lo que es perder algo en lo que se cree, que te lo arrebaten de las manos, que maten a tu familia, que saquen a tus hijos de tus entrañas y los entreguen a tus verdugos??? No salgo de mi asombro.   Obviamente no lo saben porque no lo vivieron, pero es tan extraño que no reconozcan el más mínimo atisbo de duda de pensar que algo no funcionó. 
No estamos hablando de la Edad Media, hablamos de anteayer. En la historia no ocurren las cosas de un día para otro, pero lo que está claro es que por algún extraño motivo, sí se pueden olvidar con relativa facilidad. Es casi más penoso que saber que una justicia amordazada por el miedo y la connivencia con los poderes no deja que sepamos la verdad, porque esto último sí está calculado. Por eso los países recurren unos a otros, porque los Derechos Humanos son universales aunque no pasen de ser una declaración de principios, en principio.
Y resulta, para unos inaudito, para muchos necesario, que Argentina responda a la petición española y se querelle con España por los crímenes franquistas. En nuestro país laico y aconfesional todo esto es paja, destituyen al único juez que llega un poco más allá, en la mejor tradición fascista, las formas no se pierden.
Pero el proceso no tiene retorno. 

Del lado de allá me agradó que el idioma les dotara de tanta riqueza. Aprendí una palabra que nunca había usado en nuestro contexto. Me gusta que llamen a las cosas por su nombre. Aquí los llamamos crímenes, pero ¿qué ocurre si esto es masivo? Crimen parece aludir  a algo esporádico y sin continuidad, pero allí tienen la palabra que cabe aplicar, lo llaman exterminio. Me parece ajustado, preciso y  carente de artificio. Las cosas por su nombre, insisto.

Definitivamente, creo tener más en común con algunos argentinos que con muchos españoles. Y dejo de lado lo impecable de su discurso, aunque me subyuga, pero francamente, hemos necesitado 30 años para dejarnos de la monserga de la transición como si fuera el último toro sagrado y empezar a enfrentarnos con y por nuestro pasado desde un plano más visible.
Todo-as tenemos muerto-as que enterrar, y lo ideal sería que el propio Estado lo asumiera, pero ya que no es así, Argentina es una puerta de par en par.
Si alguien no lo ve, le animo encarecidamente a que se encomiende a santa Lucía.



martes, 19 de noviembre de 2013

De regreso II




20:30. Pedaleo rumbo a mi noche con vosotros. El ipod reproduce de modo casi autónomo Fire in the mountain, el mismo tema con que me marché  el día anterior. Pretendía catalogarlo como himno de vuelta pero el destino quiso que fuera de doble recorrido. Una vez en la bici no atiendo al Ipod, bastante arriesgado es ya no llevar casco e ir por la carretera. Después, la cena, vuestra mirada singular y absorta, el oxígeno, el baño nocturno, los mil cojines con que intento acomodar tu dolorido cuerpo…no me habitúo, lo siento. Estoy pero me duele, y no debo decirlo. Te dejo acostada, papá mira la televisión y no soporto el atronador sonido que desparrama por toda la casa, me vuelve loca su falta de audición. Alguien habló sobre el efecto negativo de llamar sordos a los sordos, olvidé el eufemismo. Pido disculpas: mi padre está sordo como una tapia. Bajo a la calle para intentar alargar un poco el día, nada especial, charlas banales, una cerveza aquí, otra en la esquina, personas que conozco van y vienen, mis hermanos dan vuelta para desear felices sueños y comprobar que todo va bien. Nada va bien y no voy a decirlo, es probable que lo sepan.

22:30. Vuelvo a vuestro lado y entro en el cuarto. La máquina de oxígeno me despista, respira sola, incluso da señales de supervivencia, desconfío hasta que veo tu vientre en ascenso y descenso progresivo, no dejo de buscar en la oscuridad señales que otros ven, todo va bien. Nada va bien, me repito.
Busco mi pijama entre las bolsas negras de la percha, lo tengo. Leo La muerte de Iván Ilich y le quito una l, el otro día lo vi doble, efecto mariposa o etílico, le dupliqué las eles, pero me importa menos que nada. Este relato causa en mi el efecto de tres somníferos, es la cuestión principal. Sin embargo, no es un relato hueco. En el trasfondo de su muerte, está la vida que concibió de un solo modo, la alarma salta cuando el fluir de los acontecimientos no cuadra con su planificación exacta. La enfermedad y la muerte no estaban previstas. Menuda sorpresa.
Cierto que, de vez en cuando, apetece creer en algo, para perdurar o aplazar los deseos inasumibles para un futuro mejor, pero sólo es un recurso de la imaginación, volver a los 5 años y esperar a los reyes magos. 
El horizonte de expectativas es , básicamente, nulo. O está confundido.

7:30 Otro día cualquiera. Estoy en casa y reviso los horarios antes de ir a clase. Anoche, de nuevo en el trayecto de ida, sonó Asa y el mismo tema, me sorprendió, uso el ipod a diario, combinación aleatoria y display roto, no sé qué va a sonar,  raro que cuando voy a dormir con vosotros suene el mismo tema.
Intento que mi expresión no denote el malestar que siento, pero es imposible. Me fastidia – al margen de vuestra dependencia, que comprendo- el hecho de que ser mujer en el siglo XXI entrañe las  mismas convenciones de hace 50 años. Pero al fin y al cabo, estoy aquí de nuevo, atrapada en una responsabilidad que otros declinan para poner a salvo su salud mental y su tiempo de ocio. Mi salud mental pende de una tirolina de algodón de azúcar. Ahora odio el dulce.

Ha muerto Iván Ilich, previsible como lo son todas las muertes. Ingenuo hasta casi el último instante creyó sobrevivir a su propio espanto, a la certeza.
Ahora debo escoger otro libro para leer allí, y quizá sea uno que me acompañe más allá de la silla que hace de mesita o el flexo rojo, tal vez sea necesario integrar parte de mi vida en la vuestra, asumir el traslado de la lectura nocturna es un paso. Poco a poco, como Iván Ilich, reconozco mi error. Y por error entiendo que cuanto antes asimile que algo de mi estará con vosotros antes podré calmarme. Lo demás ya lo sé, nunca habéis salido de mi vida, pero yo sí.
Algunos creen que el pasado es un lastre, y ciertamente lo es, pero hay futuros que por certeros amenazan más, corroen  la entraña misma del futuro que no existe.
Sí, ya sé de las terapias, de acostumbrarse al dolor, de introducir un horario que distancie mi vida en mi de mi vida con vosotros, todo son eufemismos, sucedáneos para la rutina del miedo. No quiero que os vayáis y no soporto ver cómo os estáis yendo. Eso no va a cambiar. ¿Es que acaso diciendo esto atraeré la maldición? No, el corazón está ahí, la enfermedad, el transcurrir del tiempo, yo sólo lo digo pero lo saben todos.
No es nada excepcional, en eso estamos.

Mientras tanto, la vida transcurre opaca como un cuadro velado. Debió haber tanto ahí…pero la interpretación alcanza sólo donde llega la vista, nada puedo saber de lo oculto salvo que adivine la pasión, el deseo, los sueños…todo ello protegido o tal vez encadenado a cánones adversos, a épocas difíciles para engarzar una tela pesada con apenas pespuntes aprendidos de niña. Poco os enseñaron los libros sobre vivir. Ahora se dice mucho eso, vivir el presente, vivir a tope, lo raro es que los topes están antes que la vida en la mayoría de los casos. Abres una puerta y el tope apenas cede 10 centímetros. Tal vez hay que empujar más fuerte,  romper la puerta o cambiar de pasillo, cualquiera sabe. Yo he probado mil cosas y aún no encuentro el sentido de los topes. Sé que se fijan al suelo para no abrir la puerta más de lo preciso, pero la precisión debería ser más relativa.
Estoy cansada, cansada de este fuelle existencial. Igual el aire ruge como falta, y mi vida siempre fue así, estoy de acuerdo. Nunca aposté por algo indefinido, salvo la muerte. Como Chantal Maillard, sé que “ el infinito no existe, es la sorpresa de los límites”.
Entonces, ¿a qué tanto misterio? Iván Ilich, iluso; yo, ilusa; todos los que viven creyendo en la inmortalidad, ilusos; todos los que vivimos creyendo en cualquier cosa, ilusos igualmente. Nada es invariable, salvo el final de todo.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cine de otoño II



La vida de Adele. La vie d'Adèle - Chapitre 1 & 2 (Blue Is the Warmest Colour), de Abdellatif Kechiche


En ese instante de tres horas (cineastas, piedad con el metraje de las películas), acabé por descifrar el enigma de las relaciones. Sí, así es. Lo importante, lo verdaderamente importante no es la relación, sino el modo de terminarla. Una puede dejarse la piel con alguien, en alguien, a medida que transitan los encuentros lo hacen igualmente los desencuentros, de modo que los intereses vitales  quebrantan el equilibrio, las conexiones se pierden y con ellas, decimos adiós a un tiempo único e irrepetible. 
Tendría que concluir ya que la mejor historia de amor es la que nunca empieza, sólo que el placer del inicio es adictivo como pocas cosas en la vida.

Hay muchas cuestiones que destacan en esta película.
En principio, lo arriesgado de la narrativa visual, rica en primeros planos y detalles, no sólo para las actrices o el director, para los/as espectadores/as también. La experiencia estética es bidireccional. Puede parecer descarado mostrar en detalle los labios , dibujados y perfectos; la lengua; el deseo; los cuerpos desnudos; el sexo; en la película lo entiendo como una opción estilística que subyuga, casi hipnótica.
Pocas veces, si no ninguna, he contemplado escenas de sexo entre mujeres tan reales, tan acordes… generalmente se empeñan en plasmar una excusa que muestra la intimidad de modo escueto y cursi, da grima. Lamentablemente el cine, como la conciencia , obvia ciertas realidades. Preferimos ver héroes o heroínas que nos incitan a ficciones paralelas de vidas fantásticas. Lo verdaderamente arriesgado es mostrar las cosas tal como son, en ese aspecto, bien por el director. Las actrices me parecieron excepcionales, especialmente Adèle Exarchopoulos. Al margen de las controversias originadas en los medios, ignoro si como promoción o ciertas, realizan un trabajo fantástico y creíble al cien por cien.
La idealización de los personajes es tan subjetiva como podría serlo si esto se viviera en primera persona, transmite la fascinación en grado superlativo. ¿ Es que acaso en momentos así no desaparece el resto del mundo y todo es: sus ojos, su boca, su risa, etc., etc.? Pues esa es la apuesta, ver a Adele como la ve Emma, y viceversa.

La película refleja de manera amplia y con matices la evolución sentimental y sexual de Adele. En plena adolescencia tiene experiencias con chicos hasta que aparece Emma. Ello le reporta las consabidas críticas por parte de su círculo de amigas que le exigen una autoetiqueta, pero la naturalidad con que vive la historia no merece indagar en conflictos internos. La relación entre ellas no es muy diferente de cualquier otra, la eclosión pasional; el tránsito hacia la rutina; la asunción de roles, no de hombre o mujer, ese es un tópico manido, sino de persona dominante que en algún momento hace desmerecer el papel de la otra, síntesis de cualquier relación que podamos imaginar con todas las permutaciones de género posibles, porque sólo depende del carácter de cada cual, de su madurez, del grado de compromiso, de la comunicación… sí, sólo de eso y nada menos.
Ocurre que alguna cree que su perspectiva vital es la más adecuada, a partir de ahí la otra queda proyectada como una sombra que aparece al pulsar un interruptor. Desencuentros malinterpretados. La autoestima y la supervivencia peligran, todos los recursos se ponen en marcha para lograr vencer la sensación de soledad y desasosiego por la pérdida anticipada. Proliferan los errores, no juzgo cual de las dos se equivoca más. La experiencia es importante, pero ellas carecen aún de enfoque, incluso de perspectiva, la relación no aspira a prevalecer.  Ruptura y… la vida continua. Se engendran nuevos peones que ocupan el lugar de la reina destronada, o son varias reinas, no sabría decir, lo común.
Siempre es lo mismo. Alguien deja de querer, alguien sufre, alguien muere en un extremo de su piel, sobrevienen la amputación y el dolor del miembro fantasma, diría Martha, quizá.

Los títulos son precisos y claros. Es la vida de Adele la que se transforma, su pasión vertebra la historia. Emma evoluciona previsiblemente: estudiante de arte, luego pintora, después gloria.  Adele sostiene el relato  más allá de la ruptura.  En la secuencia final la cámara se marcha con Adele, atrás han quedado la exposición Emma y su éxito. En las obras de Emma  el rostro y el cuerpo de Adele, pero  Adele desaparece.

Lo que decidí ayer , en tanto no surjan cambios, es que las relaciones hay que cuidarlas especialmente al final, que es lo inevitable, nada perdura. En ese caso, si queremos andar enteras, con todos los órganos y  extremidades, resulta imprescindible crear un espacio alternativo, algo así como un invernadero emocional donde puedan subsistir pasado y presente.
No hablo de bajarse en la misma estación, de no avanzar, hablo de argumentos que sustenten la idea de que no nacemos en cada historia, sino que convivimos con lo que hemos sido hasta ahora. La vida no es un dibujo a lápiz que se pueda borrar a voluntad, merece la pena afianzar el trazo cuando una pone la piel en algo, aunque sea para no perderla, parafraseo a S. Sontag.

Los dibujos se alteran, en los lienzos se puede repintar ,  y aunque hay quien se empeña en ignorar la evolución de las obras,  con rayos x se puede ver hasta el más mínimo cambio en pinturas de hace siglos. Con un poco de intuición y paciencia, también podremos mejorar la visión que tenemos de las relaciones pasadas, no es necesario el uso de tecnología .

Eso sí, el cerebro tiene mucho que decir respecto a la recepción de mensajes. En ese caso, si la evolución no es apreciable, mejor pintar pompas de jabón o peces,  los rayos x no descifran un mensaje truncado, ni falta que hace.