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domingo, 12 de febrero de 2012

Epílogo de un epílogo

Y quizá es que no lo deseo, pero ocurrirá.

Quizá es la botella que se quedó en la nevera ansiando el instante
de ser derramada entre saliva y humo, entre risas cuyo eco
es más lejano al paso de las horas, mientras araña el piso,
como un pesado mueble que no sabemos dónde colocar,
el deseo de no volver.

Quizá es la mañana en que descubro el silencio, la garganta rota,
el cansancio, el vacío en el buzón de entrada.
También es la puerta trasera por la que quiero escapar sin ser vista,
la que atranqué mientras duraban los efectos de la borrachera
de besos y ansias, la que ahora no encuentro o no me sirve.
El daño alcanzó mis órganos vitales, quemaduras de tercer grado
en cerebro y corazón.

¡Qué tontería! Me atrevo a pensar, me siento ebria y no he bebido aún.
Aún.

Extraño juego, quizá. Extraña pérdida y extraños argumentos,
como para un poema de Rilke, ataviados con su mayor elocuencia
y tan enrevesadamente sencillos, sólo hay que llegar al final
para entenderlo todo.

"Lo hermoso acaba en destrucción".

domingo, 25 de septiembre de 2011

Toxicidad III

4:20 AM. Me despierta un dolor imprevisto. A estas horas suelo
estar a merced de la amnesia obligada del sueño. Hace frío,
por fin, pero no es el frío lo que me ha despertado. Entre mi piel
y tu inconsciencia se ha clavado algo. Retiro con cuidado la
sábana y ahí está, alojado apaciblemente, tu último sms:
"te echo de menos, pero no es nada".
Lo extraigo como puedo, aunque no es fácil. Me levanto a fumar.
Pienso en buscar en el diccionario el verbo echar-de-menos, por si
me he perdido algo y durante las últimas horas las palabras han
cambiado de significado. Puede que haya habido un terremoto
semántico. No sé.
Intento entender por qué esa pequeña secuencia de palabras se
me clava en el costado y me molesta.
La nada existe, estoy segura, pero el contexto es importante,
y en este, precisamente, lo uno contradice a lo otro.
Me pregunto por qué usar el lenguaje de un modo tan arbitrario.
Estoy cansada de adivinar los significados opuestos,
las contradicciones y el ilógico reparto de responsabilidades sobre
lo que se dice. Mejor callar, sencillamente, y dejar que el sueño
haga su trabajo y acomode poco a poco al olvido. Es complicado
conciliar el deseo con la nada si ésta viene trufada de ambigüedad.
Sólo ansío la nada que no me das, el vacío. Y que al desaparecer
te lleves el principio de contradicción que con tanto esmero
has acuñado para todas las palabras que, pese a quién pese,
tienen significado propio en contextos transparentes.
Porque echar de menos, no es nada.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Toxicidad II

Intento vivir el momento. Y el momento es que mientras limpio la casa pongo
la cafetera y enciendo un cigarro. En el mismo espacio comparto cuaderno,
café, limpiacristales y todo lo que suele haber sobre la mesa.
A pesar de que tengo puestos los auriculares, escucho los vaivenes de la lavadora.
Me quedo mirando el ramillete de flores de poleo que conservo desde el
verano pasado. Creo que son las únicas flores secas que no le recuerdan
a la muerte. Voy a tirarlo.

Al final, como en cada historia vivida, quedan multitud de "hilos"
(querida Chantal) que nos remiten, inexorablemente, a plantear de nuevo
nuestra incapacidad para amar y a volver al fantasma de la persona perfecta
que habita en cada cual según los referentes, experiencias, pragmatismo...
género? Estoy convencida de que no existe "la persona ", y si existiera,
quedaría pendiente - además de encontrarla- la cuestión
casi irresoluble de que seamos "su persona". Labor incierta, cuando menos.

Los "hilos" sueltos terminan alrededor de nuestro cuello, intentando
ahorcarnos con los propios lazos que tejemos para evitar que las personas
que amamos desaparezcan de nuestras vidas.

sábado, 9 de octubre de 2010

Palabras quemadas

"Te he de buscar, pequeña y sin raíces, amor de siempre, amor,
amor de nunca".
F.García Lorca (Poeta en Nueva York)


Quemé la única carta de amor que me ha escrito. Y lo hice por eso,
precisamente , era la última y la primera carta en 18 meses.
Es curioso. Las palabras de amor al arder, aparentan igual que
las otras. Podría haber quemado el rencor, el cansancio por la
infinita intolerancia que nos acompañó en este naufragio.
O la desconfianza, de esa, íbamos sobradas.
Ella en la relación, yo en ella. Pero quemé las palabras. Hería
profundamente ver escrito cuánto me amaba, ese trazo de tinta con
caligrafía perfecta y fluida removía mi hígado y mi cerebro.
Mi corazón se desplazó al estómago y se colapsaron.
Sólo quiero beber y no pensar. Living Las Vegas en versión cutre y sin chica.

Todo lo demás es humo. Palabras quemadas.


lunes, 16 de agosto de 2010

Mareas

El fenómeno de la marea tiene algo de mágico, mágico o misterioso,
aunque se pueda pensar que nada de misterio encierra una ley física
como la de la gravitación, no dejo de pensar que sí lo es,
al menos para mi cerebro entreverado de estas fantasías abisales.
Me parece misterioso o fantástico el hecho de que para su
medición, se recurra a varias "falsedades" increíbles, como la
de renunciar a tener en cuenta a los continentes.
Supongamos, pues, que la tierra sólo está cubierta por una enorme
masa de agua. Primera falsedad para demostrar una verdad.
La segunda, supongamos también que la tierra sólo gira alrededor
del sol, nada de girar sobre su propio eje, y la tercera,
en principio, olvidemos la luna, sí, también obviamos que la luna
existe. Y a partir de ahí, la fórmula de Newton cobra sentido.
A riesgo de parecer cínica, creo que resulta tranquilizador que se
nos permita "mentir" para probar que algo es, que algo funciona y
más aún si se rige por una cuestión tan esquemática y calculable
como es una fórmula.
Puede que ocurra lo mismo con el resto de asuntos en la vida.
Por momentos estamos arriba, al límite de capacidad, ocupamos
todo el espacio permitido , evolucionamos y emergemos con fuerza.
No percibimos que al rato habremos de replegarnos, dejando
en la orilla todas las muestras de lo que quisimos: las caracolas,
los besos o el tacto de la piel.
Podríamos mentirnos, como hacen al calcular la marea, imaginar que
no existe el tiempo, imaginar o decidir que aún es este tiempo,
elegir un momento y ser , pese a la tierra que gira y al influjo de la luna.

Una isla emerge cada amanecer o atardecer, según las mareas.
Donde sólo había agua, se puede ver a gente que camina, pasea o pesca.
La marea permite que esto ocurra, es un espacio que se nos regala
por una mera conjugación de causalidades casi perfectas.
Pero hay que estar el tiempo suficiente, esperar la marea adecuada.
Después, observar como las olas se cruzan creando lazos y rombos
para abrazarse en la orilla, es pura matemática.

miércoles, 15 de julio de 2009

Cronograma de una desaparición II

Atravesar el aire sin esfuerzo. Sorprender a los pájaros mientras disfruto de la levedad absoluta de mi cuerpo. Desaparecer en la bruma de la atmósfera sin mover un sólo dedo.
Fundirme -confundirme- con el humo de las chimeneas que se eleva pese a todo. Descansar.
Quedar libre de imágenes soñadas o recordadas.
No escribir, no pensar, olvidarme de todo. Anestesiar mis sentidos. No oír el teléfono ni leer el correo. Suspenderme, hibernar.
Imagino una cueva apartada del mundo que conozco o que añoro conocer.
En ella las palabras son transparentes hilos de agua cercados por el silencio, diminutas estalactitas inofensivas, inermes.
Conjugo los verbos,  no desear, no hablar, no argumentar, no expresar, no recorrer espacios conocidos, no esperar.
No saber usar el ordenador, no reconocer el teclado. No ser de alguien. No ser.
Desarrollo habilidades raras: Desde el exterior transito por mi rostro, ajena, imperturbable, inasequible, fría, huraña, arisca, escurridiza o invisible. Me descubro con calma. 
Mi apetito se diluye, mi alimento es la nada. La nada en paz. Casi como la muerte.
Como la muerte. El olvido.

lunes, 11 de mayo de 2009

los viajes inmediatos

Hablar es un viaje inmediato, sin programar.
Reconocer lo que debiera haberse callado es un viaje aplazado
pero necesario. El trayecto entre uno y otro resulta tan imprevisible,
tan agotador, que quizá me quedé casi sin palabras en alguna ocasión.
Las relaciones no son, necesariamente fáciles, lo sé.
Esta vez parecía imprescindible huir del cálculo para
encontrar el margen que buscaba, lo más cerca posible de sus labios.
Precaución cero.
Traducir palabras como mesura, paciencia, lógica o razón
al lenguaje del deseo no es una tarea que me agrade.
Alargar el trámite de la espera, mucho menos aún.
En apenas 3 meses el recorrido de mis ansias se hizo atrás y
adelante varias veces. Revisé mis huellas, las suyas, empapé
las palabras de calma, puedo asegurarlo, pero me desmintió,
experta como es, en desmontar mis claves.
Renuncié a la explosión inmediata , medié conmigo
y el campo de batalla ardió cuando nos cruzamos.
En este trance, la audacia consiste en aprender
mecanismos alternativos a la relación habitual,
el enamoramiento por K.O. sensorial, y pasar al plan X,
que no es ninguno.
Y me sirve no tener un plan, ¿quién lo iba a decir?
El plan desconocido es infinitamente rico, complicado si se quiere,
innegable, pero pleno y sorprendente.
La siento poderosa , como una inyección de adrenalina,
y no huyo, ahh!
Adoro el riesgo de saberla en algún lugar desprovisto de contraseñas,
donde quizá los días no sean lo que se espera, y las noches,
aún menos, o más, porque ese es el enigma.
La realidad vertida con su inmenso caudal,
a veces de vino y a veces de sed, sin mansendumbre alguna.

Lo que debiera callar, eso va a decírmelo, sin duda. Es su naturaleza.
La mía: decir, desbordarme aunque me cueste el enésimo adiós,
pero sé que no va a ser el último.

martes, 24 de marzo de 2009

La misma película

"El mismo amor, la misma lluvia " de J.J. Campanella


Jorge: Escribir sobre amor, pasión, qué sé yo? , sobre el miedo, debería escribir, sobre eso, cátedra...


Laura: ¿Creés en el destino vos?
Jorge: Creer o reventar.


El aguacero apenas deja percibir los contornos de los coches, desenfoque perfecto.
Tremendo atasco. El tipo baja la ventanilla para vaciar en el asfalto el cenicero y la ve, el rostro levantado ansiando que la lluvia la empape completamente.´
Ahí arranca la historia, o termina quizá.

De nuevo esta película, la de las reincidencias, y el recuerdo de lo que sentí las dos ocasiones en que la vi, reincidente también.
Saber de los encuentros y desencuentros, de la lluvia,
los diálogos en torno a cualquier cosa, la locura de querer trabajar en lo que se ama,
la disgregación del yo deseador que ha de transigir para poder salir adelante,
las relaciones, el miedo al compromiso,
las veces en que dejamos de hacer por los demás,
las que dejamos de hacer por nosotras mismas,
la tiranía que ejerce en nuestra vida la pasión,
el deseo de estar en paz, el amor, la búsqueda, la necesidad de encontrar ,
el deseo...otra vez, y otra.

Después de la película , inventaba un lugar, uno donde te encuentre
(obviamente, un día de lluvia).

La vida que espera o no.
La lluvia, la misma lluvia, no sé si el mismo amor.
Pero creer o reventar.

domingo, 8 de marzo de 2009

I've got you babe.

Odiaba los boleros. El afán de pertenecer, la desmesura.
Odiaba las canciones de amor torturado.
El deseo obsesivo, la opresión de la búsqueda vehemente del otro.
Odiaba los pronombres, sobre todo los posesivos. Permanecía inmune a la pulsión de la sangre a punto de estallar entre las sienes rotas de celos. Desestimaba las razones de la pasión.
Tanto odiar lo que no sentía, que a veces acabé sintiendo lo que odiaba.

Las canciones, igual que las personas, tienen su recorrido. A veces nos cruzamos con ellas y en el encuentro se suceden tropiezos, afinidades, malentendidos, enamoramientos u olvidos.
A veces se marchan de nuestra vida dando traspiés, maldiciendo el momento de habernos conocido, y otras se arrebujan en nuestro costado agradeciendo el calor y las noches de insomnio, aunque ya no se repitan y el deseo mire hacia otros lados, terco en su afán de reducir a cenizas
la rutina.

Las canciones, no obstante, repiten unos ciclos, algo semejante a la playlist que gestionamos con mayor o menor suerte durante las relaciones, y su poder es tan efectivo como un telegrama directo al cerebro, justo ahí, y ramificado luego a todos los sentidos. El recuerdo es tan nítido como una fotografía, un lugar, una vida pasada, un deseo, alguien en nosotros...

Esta mañana, el océano huele a Ralph Lauren Hot y la playlist que trae comienza con Sarah McLachlan, Possession. De seguido, Ice Cream, luego quiero a Corinne Bailey Rae y I like to para continuar con Terez Montcalm y Close your eyes, Unattainable de Little Joy, I Never de Rilo Kiley y Soy tuyo, de Andrés Calamaro.
Nada es casual, el deseo revierte en las canciones y estas arremeten con furia, me rajan de un extremo a otro el cerebro, me ocupan. Y no voy a resistirme.
Es todo lo que puedo hacer para tenerte hoy.

viernes, 27 de febrero de 2009

Entropías. Una interpretación del sueño de los otros.

Entropía.
(Del gr. ἐντροπία, vuelta, usado en varios sentidos figurados).
1. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema. 2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.
3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.


Con el primer significado me quedé confusa. Claro. Yo no sé nada de ciencia o matemáticas. Para mi la aritmética es el dominio estricto de los números. Adoro las palabras y el fluir de las ideas, nada que ver con el cálculo o el orden metódico, nada que ver con algo previsible.
Pero la Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema, ah! eso es otra historia, completamente. Cuántas ganas sin cauce en momentos no cuantificables, cuánto derroche, de palabras...de sueños...a ras de suelo o temblando en el aire, en solitaria compañía a veces y otras en afín soledad.
Dormir es un dejarse ir en paz con la certeza de estar seguros aunque resulta variable el grado en que cada cual lo interpreta, un acto de confianza tan pleno como desnudarse con absoluta consciencia. Querer ver dormir, es un acto de deseo tan intenso como intentar entrar en los sueños de alguien. La parte no utilizable de energía contenida, entiendo que puede ser el motivo latente, que la contención sólo es la espera del momento preciso, aunque no se haya marcado, como la película expuesta a la luz espera el revelado para mostrarnos la imagen que guardaba.

Ver dormir trasciende la definición para convertirse directamente en una búsqueda, en el anhelo desmedido de los sueños del otro, en la comprensión del momento en que nos abandonamos a la suerte del tránsito, para despertar, volando o en cuclillas, enteros o perdidos, con la mirada de un ser ajeno que escruta nuestros gestos, pero sin duda, somos también ese extraño que observa las palabras que no decimos, los besos que no damos, el ser que nos posee a pesar de todo, sólo cuando dormimos.

La segunda acepción, "Medida del desorden de un sistema..." me va aclarando ideas. Las moléculas libres, campando a su antojo que vierten sobre nosotros todo el poder del sueño, del deseo, poseen mayor entropía-la pérdida supuesta de energía- que las ordenadas de manera compacta con un fin concreto y en perfecta consonancia. El hecho de que lo tenga más claro no significa que estemos de acuerdo. Canalizar la energía nunca es tarea sencilla, incluso para las moléculas que se saben ordenadas, pero de cualquier forma, la búsqueda y el ansia son preferibles, en mi opinión, a observar la inercia de los sueños vertidos ordenadamente.

En la tercera es el desenfreno, completo y devastador. "Medida de la incertidumbre..." por primera vez he leído que la incertidumbre se puede cuantificar. Y me encanta la paradoja, adoro pensar que de cada mensaje que no recibo queda constancia en algún lugar del diccionario. Habré de buscar, cuando no me lleguen, lo que no sé es dónde, pero al menos, tendré la garantía de encontrar, tarde o temprano, la medida del ansia que me produce no saber.







jueves, 26 de febrero de 2009

Cronograma de una reanimación.

Entré al quirófano a las 08.23. No tuve dudas, y la doctora tampoco las mantuvo. La amputación era la única salida, esa o morir, y bueno, estaba claro que morir no. Yo, al menos, eso es lo que pensaba. Anduvimos ahí, terciando, anestesia parcial o total...al principio se trataba de que doliera menos la amputación y poco a poco se trató de explicar por qué había de amputarse esa parte de mi que habitabas. Reconstruí momentos de hace no demasiado tiempo, la enfermedad es reciente, busqué causas, motivos de contagio, intenté medidas menos drásticas, pero igual no hubo resultados, al menos visibles, claro. Al cabo de los meses, la herida era tan brutal como un brazo cortado excepto por unos nervios que lo mantienen ahí, balanceándose mientras se desangra, despacio, a la vista del resto de extremidades, y en tanto éstas opinan y valoran qué está pasando. En el momento final, apenas vislumbrando el bisturí, grité u oí tu grito, no sé, pero de pronto mi brazo está conmigo, algo desangrado, un tanto débil, exhausto quizá por la batalla librada, acerqué la mano y besaste mis dedos.
Mordiste despacio, de manera cómplice, mi piel notó tus dientes, tu sonrisa, acaricié tu rostro en el fragor de esta mañana ardua como un temblor de tierra, tus ojos caramelo, debajo de tus lentes, tu risa, casi libre, tus labios, rojos, tiernos, queribles... nos cruzamos de nuevo, y el bisturí cayó al suelo resbaladizo como algunas palabras.
Adrenalina o epinefrina, endorfina, qué sé yo, cualquier palabra del argot médico que me deje en tus besos me vale, y cualquier pequeña muerte que me lleve a tus brazos, también.

viernes, 20 de febrero de 2009

Cronograma de una desaparición

Al principio eran frases, o el juego de las palabras encadenadas, una llevaba a otra, y a otra... el juego se volvió intenso, llevó al deseo y al desconcierto a veces.
Imagino a mi afán orillando-se dice allí, creo- límites que sólo fueron una pequeña burla del infinito. Las conversaciones se prolongaban horas enteras , y mientras tanto, crecía el ansia, y la ficción pareció dejar de lado al destino, que era la realidad.
Durante muchos días, recorrí esta ventana en tu busca, y te encontré, me dijiste.
Estamos, me dijiste. Estoy aquí.
Durante algunos días lo creí. Sentí el derroche de las ansias compartidas, pensé, confié en que quizá imaginamos lo mismo.
Alternativamente surgía la decepción, la realidad tiraba de su lado con tanta fuerza que hizo difícil mantener la calma, se impuso el desencanto.
Esperé que de nuevo se llenaran las horas con palabras que ya resultaban insuficientes.
Un día, sin más, se borraron los mensajes que derrochabas, y no tuvimos saldo.
Hoy, por fin, soy capaz de adivinar todos los que recibo, y ninguno es tuyo.
Me extingo, y no sé si lo sabes.

martes, 17 de febrero de 2009

Una foto al final, sólo una.

Estuve caminando de un lado a otro, recuperando sonidos, escarbando en la intimidad de las voces que salían de los botes de E. Valldosera, mirando entre las siluetas, entre las manchas de tinta, los cigarrillos tiznando de ceniza los lienzos, las múltiples proyecciones de elementos cotidianos en torno a los que gira nuestra vida, o ellos giran alrededor nuestro?, no sé.
Sé que estuve buscándote, también allí.
En la tercera planta, después de un sinfín de imágenes de varios autores, llegué a García Alix. Fotos nuevas, otras, las de siempre. Él, también el de siempre. Con lo que me gusta y con lo que no. Pero él.
Casi al final de las 200 imágenes que quizá componen la muestra, me quedé pillada por una foto pequeña, amarilleada por ser copia de época, de unos 20 o 20 y tantos años atrás.
El título, Nuestra habitación en México, cuando la miro me ahoga la melancolía, una habitación triste, vacía, sin habitar y sin lujos, sólo una luz llena de matices y una composión muy hermosa, eso, y mi envidia , porque estuvo allí, donde no puedo tenerte.
Me marcho, y vuelvo a la foto de México. Pequeña, casi perdida en medio de imágenes de mucha más potencia visual, enormes en tamaño y testimonio...y vuelvo y vuelvo...hasta que me quedo.
Aunque no me movido de aquí.

domingo, 18 de enero de 2009

Una tarde cualquiera...

Cuando el bourbon comienza a caer, el hielo se remueve y hace sonar el vidrio. Es un gesto que me tranquiliza. Estoy en casa ya.

Apenas atardece un día esplendoroso. El sol decidió darse por fin, tras muchos días de bruma e intenso frío en uno de los inviernos más crudos que recuerdo. Salí con la bici esta mañana. Comimos frente al río, café y paseo por la orilla. Las madres, los padres, los niños, las niñas, todos se multiplican afanosamente en esta tarde de sol impenitente que nos echa a la calle como posesas. Parece un crimen mantenerse encerrada, desperdiciar la luz, igual que los besos, es, quizá, un acto imperdonable de incompetencia o insuficiencia clara para disfrutar.

En medio de todo el bullicio y la explosión de color, contemplo alucinada las luces de la tarde, el agua en torbellinos , las garcillas buscando cobijo justo cuando el sol empieza a decaer.

Y me ocurre lo mismo. Después de tanta luz, de tantas horas de gentío exponiendo su sociabilidad, necesito mi espacio, recobrar el cuaderno donde anoto querencias-frustraciones, ambas exageradas -desmesura es una palabra que cuadra bien conmigo- encajar mi propósito en una lectura que alimente y escuchar algo que me arranque del tiempo.

Suena Miles Davis, John Coltrane, Billie Holiday... siendo geniales por separado, adoro la mezcla de la B.S.O. de Roma, de A. Aristarain, rima(dirías tú) perfecto con la película... y el hielo tintinea cuando cae el licor.

Leo sobre F. Scott Fitzgerald y Zelda Sayre, sobre su (auto)destructiva historia de amor, y en el primer capítulo de Alabama Song de Gilles Leroy: "¡Ah, el silencio! ¡El silencio de los intersticios! Esa enorme blancura que se cuela y acude para vendar con algodón y éter la grieta que tenemos en la cabeza."

"Dos criaturas insaciables y condenadas a la decepción"

Y pese a todo, los envidio. Envidio cada historia real que pueda enmarcarse en coordenadas reales de espacio y tiempo. Aunque adoro, inexorablemente, que la vida parezca un sueño, anhelo, en la misma proporción desmesurada, que el sueño se convierta en realidad.
Porque mi yo de ficción, te desea, y mi yo real, también.

"Piensa en cuánto me quieres. No te voy a pedir que me quieras siempre como ahora, pero sí te pido que lo recuerdes. Pase lo que pase siempre quedará en mí algo de lo que soy esta noche"

Suave es la noche, F. S. Fitzgerald.

lunes, 12 de enero de 2009

Sin palabras

Extiendo las palabras, las coloco en la explanada del espacio, esbozo una especie de mecano sólo con los pronombres, propongo los calificativos, sustantivo los verbos, la oración, el ámbito es perfecto. Me parece un milagro ,casi , poder nombrar tan sólo el perfume anaranjado de los cuerpos, contar las onopatopeyas de la risa, desgajar los abrazos, descifrar el sonido impertinente de los extranjerismos, querer, requerir, es un pulso de tiempo indefinido creciendo en oleadas mientras el café hierve y humea un cigarrillo.

Con todo y lo dicho, lo callado es mejor. Mejor porque el anhelo que oculto se escribe entre las líneas, trazadas apenas con saliva mientras la memoria rezuma el gusto de imaginar las pupilas brillantes como el caramelo.

En esas horas, muchas, todas, vencidas, asoladas, salvando en el silencio o en el blanco de la pantalla los puntos suspensivos...ondean victoriosos los símbolos, las llamadas, el deseo, la impaciencia, mi obcecación, el nombre de las ansias...fluyen palabras transmutadas en besos, tácitamente, entre mensajes y correos arropamos en palabras la frustración que cabe en 9.000 kms. Un límite salvaje, contundente.

Y a veces, imprimo en este empeño algún malentendido, enemigo brutal, inevitable o no, expresión de la torpeza de que soy capaz, revuelvo las palabras inconsistentemente, intento renombrar el equívoco y es mayor incluso el despropósito. Y no hay remedio que ahuyente el miedo al desapego, y entonces, realmente no hay abrazos, ni miradas que calmen, no hay labios que perdonen las palabras con besos..no hay, salvo más palabras, acertadas, o no, perdidas, desvalidas, errantes... y sólo escribo, compulsivamente la impotencia y la decepción del propio desacierto.

Sin palabras, mejor.

Conmutado el castigo, volveré a lastimar mi piel con besos deletreados* a 160 caracteres por mensaje.


*3. Deletrear : tr. Adivinar, interpretar lo oscuro y dificultoso de entender. Diccionario de la R.A.E.

domingo, 11 de enero de 2009

Lo inesperado ( o no )

"Sólo el que espera podrá encontrar lo inesperado" Cortázar (Rayuela, cap. 36)

Me gusta esta frase aunque no la comparta del todo.
¿Sólo esperando ha de acontecer lo que ansiamos? Me da por pensar que acertaré más si me dedico a buscar o provocar o incidir o ...quizá en este caso, esperar es sinónimo de desear, y si es así, igualmente haré mejor en dedicar el tiempo a escarbar en las ganas del objeto-sujeto de mi deseo, antes de que se dé cuenta,(o no) espontáneamente, de que el lugar de su deseo está justo al lado del mío.
Si el azar existe, que no lo tengo claro, por fuerza no ha ser mi cómplice, y la verdadera naturaleza de mis ansias quedará expuesta al conjunto de ¿leyes? ociosas que concurrirán (o no) en mi beneficio. Desconfío, es cierto, la fatalidad...

Lo inesperado es realmente la esperanza contradictoria del deseo, tan irracional como poderosa. Nada puede arrebatarnos el afán, ni siquiera la incertidumbre. Más aún, si paseando por algún periódico recojo esta otra frase, ahora de Saramago : "Siempre acabamos llegando a donde nos esperan" y en su lucidez amparo mis deseos. Y aunque te quiero en la certeza de un tiempo no inventado y la ficción es un lecho imperfecto, Cortázar acabó por convencerme. "Nuestra verdad posible tiene que ser invención".

sábado, 27 de diciembre de 2008

En parte alguna

Huyó por la trasera, o se quedó dormido en tanto lo esperaba, o no lo ví, tan ciega como estaba por la melancolía, o no bastó, o llegó retrasado, no sé cuantas opciones tuve para no darme cuenta del pedazo de ti que me entregabas.
No sé qué aspecto tiene, ni reconozco el sitio donde tal vez lo vi por vez primera, no tengo referencias anatómicas claras, oscuras o translúcidas. Tampoco soy consciente de en qué lugar de mi lo abandonaste, o lo dejaste estar, o lo grapaste, o tal vez lo pillaste con una pinza rota, o con un hilo frágil...no lo sé, y lo lamento, profundamente.

Con todo, lo que me resulta más doloroso, es no poder buscarlo en realidad. No tener la certeza de un abrazo, de un sitio donde estuve contigo, de un recuerdo fuera de la ficción, un recuerdo...

Repaso mentalmente las señales, los "te quieros", los deseos explícitos, el sinfín de palabras vertidas en espacios extraños para el tacto. Todo es apenas comparable a rozar las yemas de tus dedos, a tocar con las mías el borde de tus labios...

El pedazo de ti que me entregaste, con probabilidad, huyó despavorido al saber de mi afán, sin tregua, sin mesura...y tal vez lo halles a mitad de camino, entre mi ansia y tu desconcierto.
¿A qué tanto?

viernes, 26 de diciembre de 2008

Viernes de despedida

Lo sé, estaba anunciado, los viernes me despido.
Supongo que practico para el viernes definitivo, aunque llegado el momento, pueda ser cualquier otro día de la semana.

El abismo se crece independientemente del almanaque.
Me desbarajusta todo si se expande, por ejemplo, un jueves.
Pero es prerrogativa del abismo acometer tareas de esa índole, la mía, reconocer, si no estoy muy perdida, qué está pasando e irme despidiendo.
Irme borrando letras de los mensajes, dejar sólo los tiernos, los inocuos, eliminar, aceleradamente, los apasionados, desdibujar la risa, o el tono de las palabras que pierden su sentido los viernes, si no, en algún descuido, me saltan en el rostro, dejándome al amparo de esta rabia de no saber si un viernes vale un mensaje doble, donde tuvieron sitio las palabras más dulces, el púrpura en los labios, el calor de la piel, el tacto, los gemidos, la humedad de los besos, y todo ello, seguido muy de cerca por el verbo venir en imperativo presente.

Duele saber que es viernes, y es vigente mi acuerdo de despedida.
Aún duele más que no me lo revoques.

lunes, 22 de diciembre de 2008

"A la recherche du temps perdu", probablemente.

Recupero la calma, sólo en parte.
Y demasiado es.
En estos tiempos todo es sólo en parte.
Nos damos en parte, entregamos ¿cuánto? ¿la mitad del tiempo, de las ganas, del deseo...?.
¿Qué porcentaje es válido para completar el enigma de la entrega?
¿Qué parte estamos dando, por otra parte?
Y lo que recibimos, es sólo parte de un algo no sé cómo o cuánto mayor, pero sé que no es todo, y lo sé, porque me dijiste, en parte.
También la despedida será en parte. En parte querida, en parte forzada.
La pérdida, ¿es en parte o definitiva?
¿En qué parte duele más? ¿ en la entregada o en la que no? ¿en la que me guardé, en la que te guardaste?
¿Y qué hay de los motivos? ¿son más ciertos los expresados o los omitidos?
¿Qué es más ambiguo, en estos casos, no decir, o desdecirse?
¿Qué parte no entendí?
¿Qué parte ansío?

Y en parte es la respuesta equivocada: El tiempo que no nos queda.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Mudanzas-Despropósitos

Hoy me despedí.
Lo hago regularmente cada varios días, no sé, pero quizá los viernes.
Me despedí para no preguntarme qué estoy haciendo aquí.
Sobre todo, para no contestarme.
A veces la medida de las cosas se escapa a nuestro diminuto rasero, se nos va de las manos,
es el dicho común.
Es una de esas veces. Me perdí. Me enamoré, vilmente, (entiéndase torpeza).
He buscado razones para haberme "enganchado" en esta historia, que tampoco es historia, porque es sólo un deseo.
Pero me perdí igual. Y no atiendo gran cosa al oír del otro lado que soy correspondida.
Mi percepción es otra, no hay correspondencia, es absurdo pensarlo, es absurdo.
Alguien ama, alguien desaparece. Alguien desea, alguien se confunde. Alguien se revuelve y grita y alguien se contagia y gime. Alguien ama, pero alguien desaparece.
No he desaparecido. Sólo me despedí. No quedaba otra. O en cualquier caso, amaba y desaparecí.
Aunque sólo quería quedarme... si me lo hubiera pedido.