domingo, 1 de abril de 2012

Tránsitos de riesgo


Iniciar un trayecto suele ser muy sencillo, basta seguir la línea de los días,
aparcar en el lugar indicado, mostrar respeto, las normas, las personas,
las señales, etcétera.
Detener el trayecto de súbito, como hachazo en el aire, aún no está previsto.
El resultado puede ser, cuando menos, traumático.
La distancia, que casi nadie aplica, volatiliza la seguridad en un instante.
Te empotras contra alguien, desplazas el corazón de su sitio, rompes el 
esternón, que a estas alturas, navega tibiamente por la sangre que borbotea 
del pecho. En un momento querrás hacer que se sienta mejor, colocar su 
cabeza sobre algo blando, que perciba tu rostro, tu voz amable, no te 
preocupes, dices, todo irá bien.
Al instante, los servicios de urgencias ratifican lo que estabas pensando.
Nada pudimos hacer, para cuando llegamos el cadáver lloraba 
desconsoladamente.
Deberíamos tener más cuidado si circulamos por la vida de alguien.
Los hospitales están saturados de corazones en silla de ruedas.
Lesión irreversible.

viernes, 30 de marzo de 2012

Una jornada particular, 29-M


“Un jornada particular “ no es sólo la excelente película dirigida por Ettore Scola y protagonizada por Sophia Loren y Marcello Mastroianni. En este caso quería referirme a la de ayer, 29-M, o al día en que la 1ª Huelga General del mandato del PP se convirtió en una farsa al estilo de las mejores obras del teatro del absurdo. Mientras miles de manifestantes – unos bajo la estela de las insignias, otros sobre la base de la conciencia- atravesábamos las calles, la ciudad se desperezaba como un festivo cualquiera. Los veladores se agazapaban a la espera del paso de la manifestación para desplegar sus (pan)cartas de cervezas y tapas. Los gritos ante el Corte Inglés, custodiado por unos cuantos agentes de policía, no alteraron el ritmo del semáforo más transitado de la ciudad que, minutos después, mostraba toda la “normalidad” de que somos capaces, la insolidaridad más absoluta.
No estoy de acuerdo con todas las acciones, como tampoco lo estoy cuando tras la “fiesta del fútbol” se queman contenedores o se destroza el mobiliario urbano. La única diferencia es que la acción de los piquetes enerva más a los-as ciudadanos-as que la violencia “común”, y por común aludo a la que se despoja de ideología, de contenido. Supongo que faltan referentes para constatar que la misma elocuencia no envuelve a los dos discursos.
Entiendo que una Huelga General no es el tránsito pactado de miles de personas como corderos de un lado a otro de la ciudad, sino la protesta más contundente que pueda haber contra un sistema establecido. ¿Se puede tal vez negar que la cifra de paro se acerca a los 6 millones de personas? ¿Y que esa cifra no está cerrada? ¿Es legítimo, sólo por criticar a los sindicatos, despojar de razón a esos 6 millones de personas? ¿Tenemos derecho a comparar la sutilidad de la coacción de las empresas a los-as trabajadores-as con los gritos a la puerta de un comercio o la rotura de un escaparate? Los gritos no despiden a nadie ni transforman su vida en un infierno, la reforma laboral sí, lo mismo que tantas acciones efectuadas en los últimos años para que la recesión no sea sólo económica. El receso está latente en la privatización de los servicios más elementales, aquellos que nos distinguían de los países gobernados por el capitalismo radical. 
Como escribía acertadamente E. Gil Calvo en el artículo de ayer en El País, “unos utilizan la política de la fobia, los otros, la del amedrentamiento”. Tendrían que aprender a hacer política simplemente por el bien común, algo que se presupone, pero que no se “presupuesta”, terrible paradoja.
El gobierno, precisamente, no tiene las manos limpias. Nosotros-as, tras la jornada particular de ayer, las tenemos –a lo sumo- tiznadas por la quema de algún contenedor, que por cierto, también se paga con nuestros impuestos.

Al menos, se garantiza que las fábricas de contenedores y las cristalerías no cerrarán, algo es algo.

Sólo de vez en cuando, justamente.


“De vez en cuando la vida te besa en la boca” J.M. Serrat

Y de vez en cuando la sencillez de las palabras desnudas nos sorprende, 
nos despoja de la retórica, va por delante, sin duda.
Pero la sorpresa no está quizá tanto en las palabras como en el hecho de 
que un beso en la boca puede ser cualquier  cosa. Cualquier cosa menos 
el desaliento. El beso físico, el roce de los labios no existe necesariamente, 
pero me acaricia el cerebro, o una parte dolorida de la piel, o tal vez se 
instala entre los músculos, ¿qué importa? Es un beso en la boca en toda regla.
Y no es amor platónico, no estoy hablando de eso. Estoy en la metáfora del 
dolor vencido, atenuado, finito, acabado, agonizante y leve.
No es preciso que el beso me atraviese para saber que está, saberlo es mi
ventaja. Nada me lo arrebata. Prescindo de la prisa, del vertebrado enjambre
de las matemáticas. En este momento, no necesito la geografía ni el calendario. 
Conozco el sitio exacto y el instante. ¿Cómo no conocerlo? Los verbos, 
los pronombres…la extensión de la Pampa… todo es irrelevante. 
Lo único certero es que deletreo un beso porque lo tengo dentro,  en la yema 
de los dedos, en los ojos, y nada que decir sobre su procedencia, pero llega 
a mi boca, porque los versos llegan a donde quieren aunque el destino los 
entretenga como el amor al tiempo, o tal vez al contrario.  
Las dudas no me implican, no por ahora. Está en mi boca, y a menudo, 
sólo por distracción, rozo mis labios, apenas, para sentirlo ahí.
Los besos de la vida son como caracolas, su espiral puede llegar 
al infinito, pese a que éste sea, querida Chantal, “la sorpresa de los límites”.



miércoles, 22 de febrero de 2012

Diferencias

Diferencia suele ser aquello que nos distingue, que nos modula con un valor
esencialmente dispar, original y único, que nos dota de alguna capacidad o
cualidad singular, discrepancia, diversidad...la defiendo, adoro la diferencia.
Cualquier asimilación de un ser a otro si no es casual, resulta indeseable.
La diferencia es el brillo de cada partícula esencial, la elección, tal vez
inconsciente, genética incluso, pero hermosa en su individualidad.

Diferencia también es la oposición tenaz, el matiz separatista que reafirma
la discusión y que añade , probablemente, dificultad a la comunicación.

Hablando en términos pictóricos o de color, los matices adquieren también
distintas comnotaciones, contrastes por complementariedad, por afinidad...
en cualquier ámbito que referenciemos podremos encontrar que la diferencia
adquiere varios sentidos.

La ambivalencia de algunos términos deriva en confusión, sin embargo, me
seduce pensar que todo tiene la posibilidad de subvertir su propio significado
en base a la relatividad o al principio de incertidumbre.

La seguridad de los horarios es afín a la conciencia del tiempo medido, a las
cuadrículas de los radares, a los histogramas de las gráficas o a las curvas
termométricas.
No obstante, la vida se parece más, será la influencia nefasta del capitalismo,
a los valores de bolsa, nunca se sabe qué puede ocurrir, de pronto se gana o
se pierde todo, el riesgo es el denominador común, el riesgo y la valentía de
"comprar o vender" en el momento justo, cambiar lo que poseemos por un
valor quizá en alza, sólo que mañana, o en unas horas, ese mismo valor
observa su línea caer en picado y desaparece de la pantalla luminosa de los
valores positivos, para formar parte, una vez más , de aquello de lo hay que
deshacerse, y en ocasiones es la "diferencia" la que marca el modo de
aprehender o desprenderse de algo.
Lo vital es el deseo, el valor que anhelamos. Lo necesario es el cambio,
la voluntad de concretar nuestras ansias.
Todo es legítimo, todo salvo la depredación. En ese instante, se descompone
el significado de los objetivos vitales transformándolos en meros caprichos.
Pasamos a ser cazadores o furtivos, peor aún, depredadores ocultos que
esperan el momento de satisfacerse sin la menor consideración.
Lo terrible es la diferencia. Mientras los furtivos son conscientes de la cacería,
nadie a su alrededor tiene conciencia de víctima, sólo ocurre cuando tras la
destrucción alguien se convierte en trofeo, en muesca en la culata del "rifle"
o en número en la lista de amantes, ¿qué más da?
¿La diferencia? Apostar y arriesgar la piel a conciencia o estar en el punto de
mira de un francotirador.
Pero en el bosque los significados de subvierten con facilidad.
Alguien acostumbrado a cazar no atiende a las señales de riesgo  y parece
probable que termine siendo más muescas en las culatas de varios rifles.
¿La diferencia? Ser consciente de la capacidad ambivalente no sólo de los
términos, sino de los significados que les otorgamos.

"Hay quien camina por el bosque, y no ve más que leña para el fuego" (Proverbio ruso)

domingo, 12 de febrero de 2012

Epílogo de un epílogo

Y quizá es que no lo deseo, pero ocurrirá.

Quizá es la botella que se quedó en la nevera ansiando el instante
de ser derramada entre saliva y humo, entre risas cuyo eco
es más lejano al paso de las horas, mientras araña el piso,
como un pesado mueble que no sabemos dónde colocar,
el deseo de no volver.

Quizá es la mañana en que descubro el silencio, la garganta rota,
el cansancio, el vacío en el buzón de entrada.
También es la puerta trasera por la que quiero escapar sin ser vista,
la que atranqué mientras duraban los efectos de la borrachera
de besos y ansias, la que ahora no encuentro o no me sirve.
El daño alcanzó mis órganos vitales, quemaduras de tercer grado
en cerebro y corazón.

¡Qué tontería! Me atrevo a pensar, me siento ebria y no he bebido aún.
Aún.

Extraño juego, quizá. Extraña pérdida y extraños argumentos,
como para un poema de Rilke, ataviados con su mayor elocuencia
y tan enrevesadamente sencillos, sólo hay que llegar al final
para entenderlo todo.

"Lo hermoso acaba en destrucción".

viernes, 11 de noviembre de 2011

Estratigrafía emocional

estratigrafía

(Del lat. strātus, lecho, y -grafía).

1. f. Estudio de los estratos arqueológicos, históricos, lingüísticos, sociales, etc.

2. f. Geol. Parte de la geología que estudia la disposición y caracteres de las rocas sedimentarias estratificadas.

3. f. Geol. Disposición seriada de las rocas sedimentarias de un terreno o formación.

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Imagino poder seccionar la trayectoria emocional de las personas, e igual que si se tratara de una roca, un yacimiento arqueológico o un terreno completamente desconocido, obtener una cantidad de datos insospechada que nos llevase a su comprensión. Sería algo parecido al psicoanálisis, pero más gráfico. Una vista sobre la sección, y ante nuestros ojos aparecerían los períodos de crisis, los momentos felices, las frustraciones de toda la vida, las buenas relaciones, las nefastas, el dolor por las pérdidas, en fin, toda una serie de estratos diversos que nos darían cuenta de la evolución emocional de cada cual. 
De este modo, observaríamos el primer estrato, la infancia, salpicando de un extremo al otro todas las experiencias. En algunas personas, se extiende a períodos posteriores, de modo que tanto en los estratos de la adolescencia, juventud o madurez, podríamos encontrar filtraciones de una capa antigua, trazando vetas de conflictos irresolubles allí donde lo ideal sería hallar firmeza y buena cimentación, un sustrato sólido que garantizara el apoyo de estratos superiores, más extensos tanto en temporalidad como en funcionalidad. Creo que esta es una de las claves. En arqueología, los sustratos inferiores tienen la capacidad de alterar a los superiores ,y viceversa, bajo la influencia de factores externos, provocados o fortuitos. En la vida sólo es posible ir ascendiendo, lo cual no significa mejorar, necesariamente, aunque sería lo deseable. La "arqueología emocional" muestra como somos después de lo vivido, cada experiencia buena o mala nos "moldea" para la siguiente etapa, de manera que el estrato superior será una especie de turrón trufado entre lo que sabemos que queremos (el chocolate), el miedo a sufrir (la almendra amarga), los sueños sin cumplir (espacio aún no relleno, ¿arroz inflado, tal vez?), las decepciones (¿esto no llevaba licor?) y el último balance (mala relación calidad precio), el alto valor que otorguemos a algo no garantiza la satisfacción, estimación subjetiva, por supuesto.

Me gustaría insistir en la imposible estratificación de los sueños, salvo que se hayan cumplido, puesto que, de un modo científico, sólo cuentan las vivencias reales. Aún así, los anhelos forman parte de la vida. Los deseos,( desde un punto de vista pragmático) suponen un estigma con el que lidiar buena parte del tiempo, aunque en ocasiones, nuestra pervivencia dependa de la suya, y por más que algunos sustratos infames pretendan frustrar su afán, la memoria de los sueños es tan pertinaz como el tiempo. En esto, "los autores no se ponen de acuerdo", como diría alguien que conozco. Por un lado, los sueños representarían zonas huecas sobre las cuales no podrían asentarse sedimentos firmes, un lastre, un cierre en falso del terreno sentimental, ya complejo. Por otro, conformarían la materia flexible , nada desdeñable, con que amortiguar los sedimentos invasores, violentos, que se instauran en nuestro sustrato sin previo consentimiento o movidos por los caprichos imperialistas de otras arqueologías emocionales.
Coincido con esto último. 

Un corazón seccionado, que muestra suturas estratificadas en distintos niveles de temporalidad, sólo puede subsistir por puro afán. Podríamos volver al diccionario, pero no creo que haga falta. 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Toxicidad V, y basta




En días posteriores al accidente me sentí débil. La busqué, sin resultado,
obvio. La manera de estar para la otra oscilaba en una sola dirección,
sus necesidades. El dolor de los otros es pura anécdota, al fin y al cabo.
Me he castigado de sobra por sentir, por intentarlo, por maquillar las
humillaciones y el desinterés. No estaba ciega, aquello dolía como una
mordaza de alambre pero lo que una quiere es algo que sucede, no hay
modo de cambiarlo. Lo que la otra no quiere, tampoco. La diferencia
radica en la honestidad, básicamente, en asumir que lo que no se dice
adquiere el mismo grado de falsedad que lo que no se siente, al margen
de las buenas intenciones, que, a estas alturas, quedaron en el subsuelo.
De nada vale lamentar el tiempo perdido ni esperar que alguien revise su
conciencia para percibir el daño que hace. Hay cerebros que se autoengañan
simplemente para no cuestionarse, se resetean a voluntad y pasar página
resulta tan sencillo como comer chocolate.
Parece ser que las percepciones sobre la realidad son ilusorias.
Constantemente nos centramos en imágenes que pueden pertenecer a un
grado de consciencia diferente al que creemos, damos por cierto lo que
vemos, incluso podemos llegar a completar las piezas de un puzzle confuso.
En este punto, deduzco, el cerebro puede equivocarse, sobre todo tratando
de desentrañar lo que no se le muestra.
Las cábalas están bien para jugar pero no son prácticas para enfrentarse a lo
cotidiano, más aún, si una se enamora de un cerebro caprichoso y volátil, más
ocupado en la autocomplacencia que en el análisis.

La crítica es incómoda, mejor el chocolate.